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sábado, 25 de enero de 2020

Mitología mapuche: Pillán, el dios del trueno

A diferencia de muchas otras culturas que han existido, el pueblo araucano tenía como principal deidad a un ser perverso, el cual controlaba los terremotos, los truenos y erupciones volcánicas.

Al igual que todas las culturas precolombinas que habitaron América Latina, el pueblo mapuche era politeísta, es decir tenía dentro de su mitología a una serie de espíritus, siendo casi todos ellos malvados. Esta característica se condice con la fiereza del guerrero araucano, indígenas de gran poder bélico que incluso protagonizaron el enfrentamiento más largo que recuerde la Humanidad: la épica Guerra de Arauco. Es así como dentro de todos personajes que existieron en su panteón, el principal era el más siniestro de todos: el Pillán.
El temido Pillán
El aterrador Pillán era un personaje intimidante, en el cual los mapuches creían más que con gran devoción, con un profundo temor. Esta deidad era representada de distintas formas, pero casi todas ellas eran semejantes a lo que vendría a ser un demonio o una bestia, el cual tenía a los numerosos cráteres del sur de Chile como su hogar predilecto. De esta forma, el Pillán utilizaba su enorme poderío para controlar a destajo los fenómenos naturales mediante los cuales manifestaba el único sentimiento que cabía dentro de él: la furia. Así, erupciones volcánicas, terremotos, rayos, truenos y relámpagos eran asociados a esta criatura sobrenatural, a la cual había que rendirle pleitesía y sacrificios a cambio de una tregua de paz.
Según las creencias de los araucanos, todos sus guerreros que morían en el campo de batalla, ya fuera durante la Guerra de Arauco o también en peleas previas cuando ellos mismos conquistaron a otros pueblos nativos, iban siendo reabsorbidos por el poderoso Pillán, “El Dios del Trueno”. De esa manera, los grandes líderes, héroes, caciques y toquis (como Lautaro o Caupolicán) pasaban a formar parte de los volcanes, mientras que los aguerridos soldados mapuches anónimos que perecían, eran transformados en las nubes, las cuales escoltaban al atemorizante Pillán.

Mitología mapuche: Piuchén, el Chupacabras chileno

Esta criatura monstruosa se encuentra inserta en las creencias criollas desde Chiloé hasta el Norte Chico, pero se cree que este relato comenzó a gestarse a partir de la cultura del pueblo araucano. Según cuenta la leyenda, el aspecto de este siniestro ser era variable, pero muchas veces se le asocia a un vampiro.


La Mitología Mapuche fue muy rica en crear mitos increíbles que a la postre terminarían por expandirse a buena parte de lo que actualmente es nuestro territorio nacional. Así, dentro de todos los seres fantásticos que la conformaban, sobresale de inmediato el Piuchén, el cual también solía ser denominado de diversas formas: Peuchén, Pihuchén, Pihuychén, Pihuichén, Piguchén y también Piwuchén. Más allá del nombre que él llevara, siempre se hacía referencia al mismo ser: una especie de vampiro que succionaba la sangre de sus víctimas, muy parecido a como se ha descrito en innumerables ocasiones al Chupacabras en diversos países de Mesoamérica.
La descripción clásica del Piuchén narra que era una especie de vampiro gigante de aspecto aterrador, sin embargo en otros pasajes del mito se dice que más bien se parecía a una serpiente voladora cuadrúpeda, aunque con ciertas características humanoides. Lo que sí está claro es que la leyenda asegura que el cuerpo de este ser fantástico estaba cubierto por pasto, malezas y pequeños cilindros retorcidos, lo cual le daba una apariencia aún más tenebrosa.
Uno de los aspectos del Piuchén
Tanto en la mitología mapuche como en la chilota se le atribuyen poderes sobrenaturales al Piuchén. Todos los relatos coinciden en que era una criatura básicamente nocturna la cual tenía como su hábitat preferido las zonas boscosas cercanas a la costa, ríos o lagos. Se trataba de un personaje extraordinariamente longevo, que podía llegar a vivir cientos o hasta miles de años, pero de todas formas era la fuerza física su principal atributo, ya que era capaz de derribar árboles con gran facilidad, e incluso tenía la facultad de dominar el mar, generando impresionantes marejadas.
El comportamiento del Piuchén es muy particular. Generalmente durante el día se esconde, adhiriéndose a la corteza de los árboles, desde donde observa atento lo que sucede a su alrededor, mientras a la vez descansa. La única forma de reconocer su inminente presencia es gracias a su excremento rojizo que deja en los troncos, así como también por sus silbidos estridentes que interrumpen la aparente tranquilidad del bosque.

miércoles, 15 de enero de 2020

Mitología chilena: Imbunche, el deforme feroz

Esta atemorizante criatura caminaba con tres extremidades: uno de sus pies y sus dos manos. Según cuenta la leyenda, era el guardián de las cuevas de los brujos. 
El aterrador Imbunche.

Probablemente ninguna criatura de la mitología chilena sea tan sobrecogedora y espeluznante como el Imbunche o Invunche, personaje legendario perteneciente tanto a la mitología mapuche como a la mitología chilota.

Según cuentan los relatos, El Imbunche (también conocido como Machucho, Butamacho o Chivato) era un ser humanoide pero completamente amorfo (de ahí su nombre, que en mapudungún significa "persona deforme"). Su cabeza estaba doblada hacia atrás y aplastada, brazos torcidos, nariz y boca de aspecto monstruoso. Además, una de sus piernas se le iba permanente al cuello, dejándole para caminar su otra pata junto con sus dos manos.

Como es de esperarse, el Imbunche no habla, sino que solamente se limita a gruñir, gritar y hacer sonidos guturales muy desagradables, pero a la vez intimidantes. Según relata la leyenda, el Imbunche es el guardián de las cuevas donde viven los brujos de la mitología chilota, y solamente sale de la cueva cuando hay una amenaza latente, y cuando alguien quiere adentrarse en ella. Cuando un visitante se topa frente a frente con esta criatura en las oscuridades del antro, su única forma de salvarse de un ataque inminente es hacerle una reverencia al horrendo ser... y besarle su asqueroso y hediondo ano.

Suele abandonar su lugar en la caverna cuando la comida escasea, y ahí cuando se ve su versión más repugnante y atemorizadora. Sus gritos aterradores siempre son señal de alguna mala noticia o una desgracia inminente.

Galería de imágenes: El Imbunche