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domingo, 15 de mayo de 2022

Chile en tiempos de definiciones: ¿por qué se ha polarizado tanto la política en nuestro país?

 Hoy por hoy, tanto la ultraizquierda como la ultraderecha se han fortalecido. Y por contrapartida, los partidos de centro cada vez suman menos adeptos. Todo eso tiene una explicación bastante lógica. 

Nadie puede negar que desde ese nefasto 18 de octubre del 2019, la política chilena cambió... pero cambió para mal. Antes de ese hecho puede que Chile no haya sido ni un paraíso ni un país perfecto, pero al menos no había tanto odio ni polarización ideológica como ahora. Hay que decirlo: la apología que la izquierda hizo del terrorismo durante el Estallido Antisocial, fracturó tal vez para siempre a la sociedad chilena, y también la sana convivencia entre compatriotas.  

Terrorismo en Chile.
Conforme pasa el tiempo, es fácil percatarse que la política en Chile cada día se polariza más. Y ante eso, también es evidente de que los conglomerados y partidos "centristas" han ido perdiendo todo su piso, en relación al auge de las ideologías extremas (ultraizquierda y derecha conservadora). Este fenómeno es evidente, y las causas que lo explican también son bastante lógicas. 

¿Por qué en el Chile actual cada vez menos gente cree en las ideologías de centro? Obvio: porque pese a que muchas veces sus diagnósticos políticos o sociológicos son los correctos, las propuestas que ellos presentan son vagas y difusas, e incluso a veces intangibles y amorfas. Generalmente, frente a determinado problema de índole nacional, la propuesta de los partidos y políticos de centro sólo se remite a dialogar. Si bien el diálogo sobre nuestra coyuntura es vital, una "solución" no puede tener al diálogo como propuesta única y exclusiva. Se necesita mucho más que el mero ejercicio de intercambiar opiniones, porque en los problemas actuales muchas veces sólo hay blanco y negro, debido a la naturaleza misma de las problemáticas por las que se atraviesa. Temas como el terrorismo o la nueva Constitución no admiten posturas intermedias.  

A modo de ejemplo, cito el caso del Terrorismo en La Araucanía. Este debe de ser el peor problema por el que atraviesa nuestro país, y ante el cual tanto la ultraizquierda como la derecha dura, la derecha conservadora y la ultraderecha sí tienen sus propuestas, lo que no sucede con los partidos ni los políticos "centristas". Las agrupaciones de derecha (desde la derecha conservadora hasta la ultraderecha) acá proponen utilizar todo el rigor de la ley contra los violentistas, y tratar a los terroristas tal como se trata a los terroristas en cualquier parte del mundo: con mano dura, y con militares que tengan plenas atribuciones para reducirlos a escombros. En cambio acá, la ultraizquierda radical también tiene su postura bien clara, la cual es muy diferente, pero también es tangible: ellos dicen que en la macrozona sur "no hay terrorismo", sino que es problema étnico que debe solucionarse a través de la expropiación de las tierras a los campesinos, para regalársela a ciertos grupos (algunos indígenas y otros no) que las reclaman para sí, por ser estas "tierras ancestrales"... ¿y qué proponen acá los políticos de centro? Nada, sólo dialogar. 

Otro caso típico es lo que ahora sucede con el plebiscito constitucional. La derecha dura desde un comienzo estuvo en contra del proceso, ya que lo considera ilegal y espurio por estar gestado sobre la base del terrorismo (terrorismo urbano durante el Estallido Antisocial). La derecha tradicional votó Rechazo, y siempre mantendrá esa postura. Con la ultraizquierda radical pasa algo parecido, pero al revés: ellos votarán Apruebo aún sabiendo que el borrador de la nueva Constitución es un mamarracho jurídico. Lo único que les importa es terminar con la actual Constitución, les da lo mismo por qué cosa la cambien. En cambio, los políticos y movimientos de centro siguen en medio de una nebulosa: no saben si votar Apruebo o Rechazo. Por lógica votarían Rechazo, pero evitan decirlo muy en voz alta, para que no se les asocie con la derecha dura. Sin embargo, muchos de ellos son un mar de interrogantes, igual que los pocos electores que aún creen en los políticos de centro.

Así está la cosa en el Chile actual: en tiempos de definiciones, la gente prefiere los sectores políticos que presentan definiciones, no las ideologías que se camuflan y que sólo se dejan ver bajo el aspecto de nebulosas amorfas...

domingo, 8 de mayo de 2022

Nueva Constitución: Una amenaza latente y real para nuestro país

 Mamarracho jurídico: Las impresionantes locuras que podría tener la nueva Constitución.

Sin exagerar, creo que en la Convención Constitucional se podrían estar sembrando las bases de una futura guerra civil en Chile. 

Desde que comenzó a funcionar la Convención Constituyente, todo en torno a ella ha sido un verdadero desastre. Primero resultó que tuvieron más de cuatro meses de vagancia, en que prácticamente no hacían nada y sólo se dedicaban a hacer homenajes a la Pachamama y a los terroristas que forzaron al Estallido Antisocial. Además durante ese tiempo hubo una serie de performances con una teatralidad inusitada y ridícula, donde incluso se vio a constituyentes disfrazados de Pikachu y de un dinosaurio azul. Sin embargo, todo eso quedaría en el anecdotario si se le compara con las atrocidades que vendrían después. 

Convención Constituyente.
La Convención Constituyente hasta ahora está edificando un verdadero mamarracho jurídico, un borrador constitucional realmente desastroso. Es así como aparecen temas como la Justicia Indígena, una medida hitleriana que podría favorecer a ciertas personas sólo en base a criterios raciales: "La Corte Suprema conocerá y resolverá de las impugnaciones deducidas en contra de las decisiones de la jurisdicción indígena, en sala especializada y asistida por una consejería técnica integrada por expertos en su cultura y derecho propio, en la forma que establezca la ley. Los sistemas de justicia indígenas solo conocerán conflictos entre miembros de un mismo pueblo originario. Los afectados siempre tendrán la opción de someter el asunto al Sistema Nacional de Justicia", relatan los artículos 24 y 24 bis. O sea, se deja abierta la puerta a tener una Justicia para unos y otra Justicia para otros, lo cual es justamente la antítesis y negación misma del concepto de Justicia (que debería de ser igual para todos). 

Pero tal vez la mayor atrocidad de todas es el artículo 21, donde se establece que "el Estado reconoce y garantiza conforme a la Constitución, el derecho de los pueblos y naciones indígenas a sus tierras, territorios y recursos. La propiedad de las tierras indígenas goza de especial protección. El Estado establecerá instrumentos jurídicos eficaces para su catastro, regularización, demarcación, titulación, reparación y restitución”. Con esta medida tan brutal, cualquier persona indígena podría reclamar para sí cualquier territorio que considere como "terreno ancestral". Y lo escalofriante de esto es que prácticamente todo Chile vendría a ser "territorio ancestral", por lo que a futuro nadie podría estar a salvo de una posible expropiación. A modo de ejemplo, un descendiente de picunches (pueblo autóctono que habitó entre el Bío Bío y el Aconcagua) podría llegar y decir que La Moneda, el mall Alto Las Condes o el Estadio Nacional le pertenece "por estar emplazado en un territorio ancestral". Y lo peor de todo es que con Constitución en mano y con un buen abogado, incluso hasta podría salirse con las suyas. Increíble pero cierto: a ese nivel de locuras demenciales estaremos expuestos si en septiembre no gana el Rechazo. 

Otra de las brutalidades que podría ir en el mamarracho jurídico que será la nueva Constitución es el artículo 4, el cual dice que "Chile es un Estado Plurinacional e Intercultural que reconoce la coexistencia de diversas naciones y pueblos en el marco de la unidad del Estado. Tienen derecho a la autonomía y al autogobierno, a su propia cultura, a la identidad y cosmovisión, al patrimonio y la lengua, al reconocimiento de sus tierras, territorios y la protección del territorio marítimo", establece la inaudita  propuesta.

A esa norma se le agrega que "es deber del Estado Plurinacional, respetar, garantizar y promover con participación de los pueblos y naciones indígenas, el ejercicio de la libre determinación y de los derechos colectivos e individuales de que son titulares". Estoy plenamente de acuerdo con eso de "Estado Intercultural", porque efectivamente Chile es un país multicultural, con chilenos autóctonos, chilenos descendientes de diversas nacionalidades, inmigrantes residentes e inmigrantes nacionalizados... ¿pero Estado Plurinacional? Eso sí que no. Un Estado Plurinacional le abre la puerta de par en par a los movimientos separatistas que quieren fracturar el país, arriesgando su identidad y sobre todo la soberanía territorial. Eso es fomentar a quienes quieren transformar al sur de Chile en el "Wallmapu", que a larga no sólo sea una nación aparte, sino que incluso un país independiente. Y lo mismo podría ocurrir en la Isla de Pascua. 

Tanto con los temas del Estado Plurinacional como con el de las futuras expropiaciones forzosas por temas étnicos y territoriales, creo que la demencial Convención Constituyente está cimentando las bases de una futura guerra civil. Y lo digo sin exagerar. O gana el Rechazo, o el futuro de nuestro país será realmente oscuro...

sábado, 9 de abril de 2022

El gobierno de Boric quiere liberar a terroristas

 Tal vez el proyecto más polémico del actual gobierno sea el del supuesto "indulto" para los delincuentes presos durante el Estallido Antisocial.

Estallido Terrorista.
Ni indulto ni amnistía, ni nada que se le parezca. Mi postura frente a la posible liberación de los terroristas pirómanos de la Primera Línea es una sola: que sigan presos todo el tiempo que sea necesario, e idealmente que sea por varios años o décadas. Esas personas que quemaron y destruyeron el país no merecen ser liberadas, entre otras cosas porque siguen siendo un peligro público para la sociedad.

El gobierno de Gabriel Boric a través de su ministro Giorgio Jackson así lo ha dejado en claro varias veces: para ellos es un objetivo primordial dejar en libertad a esos sujetos que saquearon supermercados, quemaron iglesias, profanaron monumentos nacionales y destrozaron bienes públicos durante el Estallido Terrorista, también tiernamente llamado "Estallido Social". 

Que Boric y sus secuaces quieran liberar a terroristas pirómanos me parece demencial, pero desde la perspectiva de ellos es más que entendible. De hecho, es muy probable que sin el Estallido Antisocial, Boric jamás habría llegado a La Moneda. Dicho de otra forma, esta es una forma de devolverles el favor concedido para la gente de ultraizquierda. 

Habrá que seguir atentos qué es lo que sucede con el desarrollo de esta discusión, que es un tema muy candente porque mide hasta qué punto son importantes para el nuevo gobierno el Estado de Derecho y hasta qué nivel lo es su deseo por congraciarse con las hordas que protagonizaron la Revolución más macabra del último siglo en nuestro país. 

sábado, 12 de marzo de 2022

Cambio en el equipo: Sale Piñera y entra Boric

 Desde este 11 de marzo, nuestro país es gobernado por un nuevo presidente. Ese mismo día se realizó el cambio de mando entre ambas administraciones. 

Siempre voy a destacar el tono republicano de los cambios de mando en Chile, los cuales en forma inexorable siempre se realizan con altura de miras y con mucho respeto entre el presidente saliente y el entrante, independiente de la ideología política de ambos. Eso es algo que se reconoce, y que de todas formas hay que valorarlo, y nos tiene que poner orgullosos como chilenos. 

Piñera y Boric.
El pasado 11 de marzo se produjo el cambio de mando entre Sebastián Piñera y Gabriel Boric. Por un lado un presidente de centroderecha (o algo así) y por el otro uno de ultraizquierda (que trata de disfrazarse de lo que no es). Le guste a quien le guste, es así la cosa. 

Respecto al gobierno de Sebastián Piñera, pueden decirse infinidad de cosas. Pero si hay dos hechos que marcaron a fuego (literalmente) la administración Piñera fueron el Estallido Terrorista (también llamado "Estallido Social" por la prensa nacional) y el otro fue la pandemia dc coronavirus. Sobre a la pandemia, el gobierno pasado tuvo un cometido bastante positivo, de hecho fue uno de los mejores del mundo. Frente al terrorismo de ultraizquierda y la desastrosa Revolución Vandálica, nada que hacer: su desempeño fue un desastre.

¿Es justo evaluar como "fracaso" el gobierno de Piñera a causa de que no haya aplicado mano dura contra los terroristas de ultraizquierda durante el Estallido Antisocial? Sí y no. Ciertamente, es culpa de él que no se haya aplicado el Estado de Derecho durante esa revolución, y que se haya enviado a los militares y carabineros con plenas facultades para hacer lo que había que hacer cuando la seguridad del país completo está amenazada por terroristas pirómanos. Pero -por otro lado- también es cierto que el 99,9% de los políticos chilenos hubieran actuado exactamente igual a como lo hizo Piñera, es decir hubieran tratado de darle soluciones políticas a un problema que era de seguridad pública. Y ahí sí que hay que nombrar el otro ripio tremendo del ex mandatario: entregó la Constitución que teníamos, y que era el pilar fundamental que sostenía nuestra democracia, y ahora por eso mismo vivimos un proceso constituyente espantoso que terminará con un proyecto constitucional tan burdo como demencial. Autogol de media cancha de parte del ex mandatario. 

Durante el Estallido Terrorista, Piñera actuó muy mal. Pero también hay que decir que ninguno o casi ninguno de los políticos chilenos hubiese actuado distinto. Era una situación al límite y que estaba organizada para derrocar al entonces Presidente de la República. Hay que decirlo: el 2019, Piñera fue víctima de un Golpe de Estado no convencional, donde la ultraizquierda usó como instrumento a terroristas pirómanos que gracias al tema de los Derechos Humanos se transformaron en sujetos inmunes ante la ley, y además intocables. Y cuando un Golpe de Estado cuenta con terroristas que son intocables, puede incluso ser más brutal y difícil de controlar que un Golpe de Estado de carácter convencional y militar.

De Gabriel Boric es poco y nada lo que se puede esperar. Boric es un neomarxista, es decir un sujeto que piensa y actúa como los comunistas, pero que reniega del Comunismo sólo por intereses electorales y/o dialécticos. Y como neomarxista, lo único que puede esperarse de su desgobierno son desastres y más desastres. No por nada, ya empezó con el pie izquierdo: citando al inepto de Salvador Allende como su principal modelo a seguir, y además anunciando la pronta liberación de los terroristas presos que participaron en el Estallido Antisocial del 2019... tal vez por afinidad ideológica, o simplemente como forma de agradecimiento por todos los "favores concedidos". Por eso mismo, reitero: de un neomarxista nada se puede esperar.

sábado, 19 de febrero de 2022

Los "amarillos" también son parte del problema

 El movimiento "Amarillos por Chile" pretende ser un aporte a la política nacional, pero antes que cualquier cosa tendría que hacer un profundo mea culpa. 

Durante esta semana, una de las noticias políticas más llamativas fue el anuncio por parte del intelectual Cristián Warnken (identificado con la centroizquierda), quien dio a conocer la formación del movimiento "Amarillos por Chile.". El nombre de este grupo político no es casual, ya que "amarillos" conlleva un evidente dejo peyorativo hacia quienes no son ni de izquierda ni de derecha, y que se para muchos pueden parecer como "cobardes y timoratos". 

Desde mi visión personal, aplaudo la actitud del señor Warnken, quien siendo un hombre de izquierda ha decidido apartarse de esa ultraizquierda cavernaria y octubrista (la que defiende el terrorismo del nefasto 18-O). Sinceramente creo que la política chilena necesita con urgencia una tercera vía, que no sea ni la derecha ni la ultraizquierda, y que además tenga en la moderación y la capacidad de diálogo sus virtudes principales. 

Sin embargo, no todo es positivo respecto a este movimiento político. Las cosas hay que decirlas por su nombre: si bien el impacto mediático de "Amarillos por Chile" ha sido fuerte, en las urnas se sabe que este sector ideológico congrega un apoyo muy escaso, ya que el grueso de la izquierda chilena se identifica muchísimo más con la ultraizquierda pro terrorismo que con la centroizquierda moderada. 

Y además, hay que agregar otro tema no menor: si "Amarillos por Chile" quieren realmente ser un aporte, es vital que empiecen por hacer un mea culpa, porque a lo largo de las últimas décadas sus integrantes han sido más bien parte del problema que de la solución. La centroizquierda moderada lleva 40 años culpando de todo sólo a Augusto Pinochet, y omitiendo cualquier clase de crítica hacia la ultraizquierda que promueve el terrorismo como herramienta válida de presión política. Además también es la propia centroizquierda moderada la que no ha dicho nada durante estos últimos 30 años en que la ultraizquierda se ha dedicado a adoctrinar con su ideología al menos a tres generaciones de jóvenes en colegios y universidades de todo el país. Y como tercer punto, la centroizquierda moderada tampoco dijo nada mientras la ultraizquierda terrorista quemaba y destruía el país durante el Estallido Antisocial del 2019 y 2020. Como dije en este mismo párrafo: mientras los "amarillos" no reconozcan sus errores (por cobardía u omisión), seguirán siendo más bien parte del problema que de la solución, de cara a la situación estremecedora que vive Chile en este momento. Estos son tiempos de definiciones, y ninguna definición es válida mientras no vaya de la mano con su respectiva autocrítica. 

domingo, 13 de febrero de 2022

El Proceso Constituyente necesita de un "plan B"

 El Rechazo de Salida sí o sí tiene que ir de la mano de una solución alternativa, que al menos permita aminorar el daño causado.

Foto: Constituyentes payasos.
Hay que decirlo: hasta ahora la Convención Constituyente ha sido un desastre total, tanto en su forma como en su fondo. El show mismo ha sido un completo esperpento, con una teatralidad que supera los espectáculos más ridículos que alguna vez se hayan visto en la política a nivel mundial. La discusión misma de los temas de fondo ha sido aún peor, incluso con constituyentes que evocan a la Unión Soviética como modelo a seguir. Hasta ahora, poco o nada que rescatar de todo este impresentable show.

Una vez dicho esto, hay que poner la pelota en el piso: es muy probable que dicha Nueva Constitución, aunque resulte ser el peor de los mamarrachos, igual será aprobada por el electorado chileno. Esto debido a que al menos tres generaciones de jóvenes (que están adoctrinados desde que eran unos niños) se encuentran por completo idiotizados y embobados por el neomarxismo, y votarán siempre en contra de todo aquello que suene a "Pinochet" (aún sabiendo que la actual Constitución ya no es la de Augusto Pinochet, sino que de Ricardo Lagos). 

Si todo se mantiene igual que hasta ahora, la Convención Constituyente presentará un texto constitucional espantoso y demagógico, el cual de todas formas será aprobado por el electorado chileno. Sin embargo, creo que aún estamos a tiempo de aminorar el daño y de evitar la catástrofe: hay que hacer que el Rechazo de Salida sí o sí vaya de la mano de una salida alternativa que no signifique que la gente tenga que optar entre la actual Constitución (la de 1980 pero que lleva la firma de Ricardo Lagos) y la futura Nueva Constitución, que será el texto demencial que presentarán los 155 convencionales constituyentes en cuestión. 

Lo ideal es que el Congreso Nacional que entra en vigencia en el mes de marzo vote para hacer que ese mismo Congreso sea el que redacte el nuevo texto Constitucional alternativo, y que "compita" con el documento que presentarán los constituyentes (muchos de ellos verdaderos analfabetos e iletrados desde el punto de vista jurídico). Y el Rechazo de Salida tiene que ser la llave que abra la puerta para que sea el Congreso el que use su potestad de ser el órgano redactor alternativo.

A esta altura, hay que hacerse la idea que Chile sí o sí tendrá una Nueva Constitución... pero la idea es que al menos esa Nueva Constitución no sea un desastre. Desde ese brutal 18 de octubre del 2019, Chile es como un avión que se va estrellando, y ya no podemos evitar el impacto final: la única opción es al menos tratar de evitar que caiga de punta, no nos queda otra. Díganle "mal menor" o como quieran decirle, pero es a lo único que podemos aferrarnos en este momento.

miércoles, 2 de febrero de 2022

A prepararse: Se nos vienen 4 años de Comunismo

 Ya conformado el que será el futuro equipo de trabajo de Gabriel Boric, no queda mucho para la especulación: no será un gobierno socialdemócrata, como tanto decían algunos ilusos.

Después de semanas de especulaciones y elucubraciones, Gabriel Boric ya dio a conocer todo el que será su equipo de trabajo, contando a todos sus futuros ministros y subsecretarios. Si bien aparecen nombres como el de Mario Marcel, un economista respetado que puede prometer moderación, sumando y restando no es fácil darse cuenta que las banderas predominantes en su gabinete serán las del Frente Amplio y del Partido Comunista. Si todavía hay algún iluso que crea que el gobierno de Boric será socialdemócrata, déjenme decirle a esa persona cándida e inocente que su castillo de arena arriba de las nubes se le va a desmoronar a patadas. Terrible pero cierto. 

Como ya dije anteriormente, si bien Mario Marcel (el futuro Ministro de Hacienda) puede aportar con sus conocimientos y su experiencia, todo lo que haga (y lo que no haga) tendrá que verse sometido a la permanente evaluación de ministros mucho más de izquierda que él, como lo son Giorgio Jackson, Camila Vallejo e Izkia Siches; y además tendrá que atenerse a lo que dice el programa de gobierno de Gabriel Boric, que es una apología al Neomarxismo, y que más parece una hoja de ruta hacia un desgobierno que un programa de gobierno propiamente tal. Si Marcel no logra afiatarse a ese equipo de trabajo, no llegará a diciembre. Eso lo digo ya de antemano. 

Palabras aparte para el presidente saliente, Sebastián Piñera. Él es el gran culpable de que Chile haya caído en esta lacra de la Convención Constituyente, lo cual es probablemente el error político más brutal de los últimos 45 años en nuestro país, y eso es algo que la derecha jamás se lo va a perdonar. Si bien Piñera pasará a la Historia como el presidente que no se atrevió a hacerle frente al Estallido Terrorista, y el que le abrió de par en par las puertas a la Constitución Neomarxista, creo que el gobierno de Boric será tan pero tan malo, que a la larga muchos van a terminar valorando a Piñera. Será un proceso largo y doloroso, pero para allá vamos... y de que hay que prepararse, pues de todas formas que habrá que afirmarse bien los pantalones, porque se nos viene fea la cosa para los próximos cuatro años. 

sábado, 8 de enero de 2022

El suicidio de Chile

 Desde ese nefasto 18 de octubre del 2019 hemos presenciado la triste y dolorosa autoflagelación de nuestro querido país.

Casos de países que literalmente decidan "suicidarse" de un día para otro, en verdad son pocos. Si bien ejemplos como lo sucedido en Venezuela y en Siria son los más emblemáticos, lo ocurrido en Chile es especialmente complejo ya que nuestro país no venía mal, o al menos no tan mal, y ahora todo hace prever que la situación se pondrá "color de hormiga" en un futuro próximo. 

El martirio comenzó el 18 de octubre del 2019. Ese fue indiscutiblemente el punto de inflexión. Esa noche comenzó el brutal Estallido Terrorista que se extendería por seis meses, e incluso hasta hoy en día todos los viernes vuelve la violencia de los orcos en el sector de Plaza Baquedano. Sin embargo, el suicidio de Chile prosiguió y tendría impactos mucho peores. El terrorismo forzó a los políticos a hipotecar nuestra Constitución, que era justamente lo que sacaba a flote al país pese a la espantosa clase política que tenemos. Y todo eso de la mano del fruto de treinta años de adoctrinamiento de ultraizquierda en colegios y universidades al menos a tres generaciones distintas de jóvenes chilenos. 

Desde aquel terrorífico 18-O hemos visto como una seguidilla de horrores conformada por ese verdadero monstruo de cuatro cabezas ha azotado sin clemencia a nuestro país: primero el Estallido Terrorista, después el cambio de Constitución, más tarde la puesta en marcha de la desastrosa Convención Constituyente, y finalmente la elección del comunista Gabriel Boric como nuestro futuro presidente. Todos ellos, males que pudieron haberse evitado; todos ellos, males que forman parte importante del cruento y traumático suicidio de Chile. 

La verdad es que cuesta mucho ser optimista de cara al actual proceso político por el que atraviesa Chile. Con terroristas que amenazan con pautear a los políticos gracias a la violencia, con una Convención Constituyente que hace de la teatralidad y la improvisación su sello inconfundible, y con un Boric que de seguro será una marioneta del Partido Comunista, es imposible esperar buenos resultados.

Así es el triste e inquietante suicidio de Chile, el cual espero de todo corazón que no termine ni como Venezuela ni como Siria, los dos ejemplos más patentes de lo que puede pasar cuando un país -de un día para otro- decide matarse a sí mismo. 

sábado, 25 de diciembre de 2021

¿Cuál será el Boric que va a gobernar Chile?

 Chile tendrá el primer presidente neomarxista de su Historia. Realmente lamentable y espeluznante. Ahora, sólo nos queda cruzar los dedos y tratar de ser optimistas.

El resultado de la elección presidencial del pasado 19 de diciembre fue contundente: Gabriel Boric se impuso ampliamente por sobre José Antonio Kast, con un 55% de las preferencias contra un 49%. Lamentable y brutal, pues Chile ahora será gobernado por primera vez en su Historia por un presidente neomarxista. 

Igual algo así era previsible. La ultraizquierda llevaba ya más de tres décadas preparándose para un hecho de estas características, gracias a los 30 años de adoctrinamiento político en colegios y universidades, logrando de esa forma al menos tres generaciones de jóvenes que crecieron casi totalmente embobados e idiotizados gracias a la ideología comunista. Hicieron un trabajo de joyería, que después de ocho elecciones presidenciales les dio un resultado concreto.

Ahora se nos vienen tiempos duros para nuestro querido país. Habrá que sacar fuerzas de flaqueza para salir adelante. La derecha y centroderecha tendrán que ponerse de pie nuevamente, y tratar de recomponerse para dar la pelea por Chile. Y los millennials chilenos tendrán bastante tiempo para aprender gracias a la terapia de shock: les tocará bailar con la fea, y ahora verán por qué les advertimos en tantas oportunidades sobre lo espantoso que era el Comunismo. Ellos tendrán que aprender comiendo barro, no les quedará otra. Se vienen meses y años difíciles. 

Pero tal vez la principal interrogante que hay que hacerse en este momento es "¿Cuál Boric nos va a gobernar?, ¿el Boric de la segunda vuelta o el Boric de casi diez años de trayectoria política?". Porque Boric durante toda su carrera política (desde que irrumpió en el movimiento estudiantil el 2011) siempre se mostró como un fanático de la ultraizquierda más radical, que incluso llegó a definirse como "a la izquierda del Partido Comunista" y a defender a la espantosa dictadura de Nicolás Maduro. Sin embargo, durante las semanas de campaña de cara a la segunda vuelta, se mostró como si fuese una persona totalmente distinta, casi socialdemócrata, o al menos eso pretendía aparentar. Nadie sabe cuál de los dos Boric nos va a gobernar: si el Boric ultraizquierda fanático, o el Boric socialdemócrata. Y es esa interrogante la que tiene en vilo a una nación completa en este momento. 

La derecha (y centroderecha) deberán recapacitar y recomponerse. Tendrán que aprender a ser una oposición constructiva cuando las propuestas del gobierno del Presidente Boric sean constructivas, pero también tendrán que ser destructivas cuando las propuestas de dicho gobierno también sean destructivas. El país está primero, y defenderlo siempre debe ser una obligación, sobre todo para aquellos que llevarán sobre sus hombros la responsabilidad de ejercer cargos públicos y políticos.

Yo en lo personal, me comprometo a seguir manteniendo mi visión de Estado que siempre he tenido, como una persona con principios republicanos. No me queda más que desearle lo mejor al Presidente Boric, y que efectivamente su gobierno sea lo mejor posible, ya que de él dependerá el futuro de nuestro país. Ojalá que Boric me deje callado, y demuestre ser mucho más un socialdemócrata que un comunismo (lo que debo admitir que no creo que se cumpla). Ante eso, seré siempre sincero, y a Boric le reconoceré todo lo bueno que realice, pero tampoco dudaré en criticarle todo lo malo que haga. Como ya dije anteriormente: Chile está primero, siempre tiene que estar primero. 

Más que una nueva Constitución, lo que se necesita es una nueva Convención Constituyente

 Lamentablemente, creo que la actual Constitución de Chile ya está muerta: la apuesta debe ser un nuevo órgano para redactar la Carta Magna.

Con el triunfo electoral de Gabriel Boric, todo el futuro político de Chile se complica de sobremanera. Hoy por hoy, nuestro país es como un avión que se está incendiando y se va estrellando. Ya no se puede evitar que caiga, pero todavía se puede impedir que caiga de punta. Eso que puede parecer una cruda metáfora, es una cruenta representación del complejo momento por el que atraviesa el Chile post Estallido Antisocial. 

Uno de los puntos más candentes dentro de la política chilena sigue siendo la nefasta Convención Constituyente, que de un tiempo a esta parte se ha transformado en una verdadera piedra en el zapato para nuestra nación. Es tal la ineptitud de los constituyentes (no todos, pero sí la gran mayoría) que en más de siete meses todavía ni siquiera han logrado redactar un solo párrafo de la nueva Carta Magna del país. 

Y lo peor de todo es que el electorado -sobre todo el electorado joven- está totalmente idiotizado y embobado con el Neomarxismo, así que es muy probable que de hacerse el Plebiscito de Salida, igual terminen aprobando el mamarracho. El "circo constituyente" definitivamente no ha estado a la altura, y de hecho llega a ser ya medio sospechosa tanta ineptitud: ¿no será acaso que todo esto es un show mediático, y la nueva Constitución ya la tienen escrita hace rato, gracias a la labor de ideólogos como Fernando Atria? De parte de la izquierda miserable, todo se puede esperar. 

Considerando que si se hace el Plebiscito de Salida, lo más probable es que se apruebe la Nueva Constitución, sólo quedan dos opciones posibles. La primera alternativa es bastante lógica: tratar de alargar el plazo para redactar la Nueva Constitución, apelando a que mientras más tiempo pase, más aburrida se irá poniendo la gente a causa del desgobierno de Gabriel Boric, lo que debería afectar también la imagen del proceso constituyente, al que comenzarán a ver como "un fraude". Y la otra opción (que va de la mano con la primera) es que los parlamentarios de derecha cambien las reglas del juego y hagan que el Plebiscito de Salida no signifique volver a la antigua Constitución (la de 1980, pero que ahora lleva la firma de Ricardo Lagos), sino que signifique justamente un nuevo proceso constituyente, pero mucho más serio y profesional que el actual.

Más que una Nueva Constitución, lo que Chile necesita es una nueva Convención Constituyente. La actual Convención Constituyente posee dos defectos gravísimos, los que le impedirán crear un texto coherente y razonable. Su primer vicio es estar conformada en gran parte por iletrados y analfabetos desde el punto de vista jurídico. Su segundo problema es que más de un tercio de sus integrantes son falsos independientes, es decir izquierdistas comunistas no militantes que se disfrazaron de independientes para apelar al voto de la gente descontenta con el sistema político en general. 

Es imperioso que se haga una nueva Convención Constituyente, pero mucho más profesional que la actual. Esta debería de ser elegida por el Congreso Nacional que se conformará a partir de marzo, o bien llamar a nuevas elecciones de constituyentes (lo cual ya sería muchísimo más engorroso). Por un tema de costo, es mejor la primera alternativa. Además, al ser el futuro Congreso escogido por millones de chilenos, esa Convención Constituyente (nombrada en forma proporcional por los futuros diputados y senadores) también gozaría de una evidente legitimidad. Ese es un punto, pero el más importante sería la calidad de los constituyentes: esta nueva Convención Constituyente debería de estar conformada en forma íntegra por abogados constitucionalistas, elegidos proporcionalmente por los parlamentarios, y además ser un número mucho más bajo a los 155 actuales, lo que facilitaría mucho más el diálogo entre las distintas partes. La actual Convención Constituyente ya no dio el ancho, y hay que bajarle el pulgar antes de que ya sea demasiado tarde. Tal vez, esa sea la última alternativa para salvar a Chile.

domingo, 28 de noviembre de 2021

José Antonio Kast: El último bastión para frenar el avance del Comunismo en Chile

 El domingo 19 de diciembre nuestro país se jugará su futuro. Ese día, los chilenos tendrán que elegir entre Libertad o Neomarxismo, encarnados en dos candidatos ubicados en las antípodas ideológicas del espectro político.

Durante la elección en primera vuelta, las urnas hablaron y lo hicieron con fuerzas: José Antonio Kast y Gabriel Boric serán los dos candidatos que dirimirán quién será el próximo presidente de Chile. Es así como el próximo domingo 19 de diciembre, el electorado tendrá que decidir si finalmente opta por la opción de la Libertad (Kast) o por el Comunismo (Boric).

Para muchos fue una sorpresa, pero José Antonio Kast resultara primero en la elección preliminar, imponiéndose por un estrecho margen al candidato comunista. Pero ahora será distinto, pues de seguro que Boric recibirá totos los votos de los otros cinco candidatos izquierdistas restantes. Kast de seguro capitalizará todo el apoyo de los simpatizantes de Sebastián Sichel, mientras que los de Franco Parisi podrían irse en proporciones iguales hacia ambos aspirantes al sillón presidencial.

Sin lugar a dudas, el mayor mazazo que podía recibir la ultraizquierda fue que en la elección de la primera vuelta, Kast se impuso en 17 de las 25 comunas más pobres del país, quitándole con ello uno de los eslóganes históricos que siempre ha usado la izquierda para promover la lucha de clases como su principal herramienta para buscar votos. La explicación a esto es bastante obvia, ya que la campaña de Kast se basó mucho en el sentido común, y a apuntar a valores o ideales que sean transversales a toda la sociedad. Los cinco pilares ideológicos del candidato republicano están más que claros desde un principio: Libertad, Orden Público, Patria, Familia y Crecimiento Económico. Donde sí le ha costado un poco más penetrar con esas ideas ha sido básicamente en el votante de clase media y clase media alta (aspiracional) de la Región Metropolitano, donde ahí sí que fue Boric quien sacó una ventaja considerable. 

El mayor aliado de Boric han sido los 30 años de adoctrinamiento de ultraizquierda en colegios y universidades, los cuales han significado la formación de al menos tres generaciones distintas de jóvenes que son propensos a enarbolar todas las banderas de lucha del Comunismo y del Neomarxismo. Este ha sido un trabajo a largo plazo de la ultraizquierda, la cual en tres décadas ha visto saltar su apoyo ciudadano desde el 7% hasta casi un 40%. Dicho esto, sólo hay un hombre que a esta altura aparece como el último bastión inamovible de patriotismo para frenar el avance comunista en Chile: José Antonio Kast.

La cosa es simple, y el llamado también: acá da lo mismo si eres de derecha, de centroderecha, de centro o apolítico. Si quieres a nuestro país, y no quieres verlo demolido bajo las fauces despiadadas del Comunismo, vota por Kast. Es eso o nos hundimos, no hay otra alternativa.

Por eso y mucho más, Kast Presidente 2022. 

sábado, 13 de noviembre de 2021

¿Puede darse la posibilidad del "voto oculto" en esta elección presidencial?

 El próximo domingo 21 de noviembre los chilenos acudirán en masa a las urnas para escoger a su futuro presidente(a) que regirá los futuros del país. 

Chile vive momentos históricos, y el próximo domingo será una fecha de vital importancia para dirimir lo que será el destino de nuestra nación. Ese día, millones de ciudadanos acudirán a las urnas a votar, para elegir a quien será el futuro presidente o presidente del país. Ante esto, vale la pena preguntarse: ¿existe la posibilidad de que se de el caso del llamado "voto oculto" o "voto silencioso", donde un candidato se destape y obtenga muchísimos más sufragios que los que le anticipan las encuestas? En política, nada es imposible... y en la política chilena, con mayor razón. 

Dicho esto, haré hincapié en explicar cuáles son en general los cinco tipos de candidatos a los cuales suele favorecer este voto oculto, lo cual es invariable de un país a otro.

1) El que genera mucho rechazo: Hay candidatos que por uno u otro motivo generan mucho rechazo dentro de los votantes, por lo cual a veces se da que algunos de sus simpatizantes prefieren omitir que los apoyan, y literalmente optan por "hablar en la urna". En este sentido, José Antonio Kast es el que más corre con ventaja para aumentar su votación respecto a lo que le indican las encuestas (donde igualmente aparece dentro de las dos primeras opciones para ser electo). Eduardo Artés también genera mucho rechazo entre la gente, pero debido a su escaso grado de conocimiento (sobre todo en regiones), es muy poco probable que experimente un alza significativa en su votación. 

2) El extremo: Si hablamos de candidatos extremos, lejos el candidato más extremo de todos es Eduardo Artés. Sin embargo, su votante es muy antisistema, y claramente el elector de ultraizquierda podría ser más pragmático y optar por otras candidaturas más competitivas (como Gabriel Boric). En el otro lado, tenemos a José Antonio Kast, quien no me parece que sea un político extremo, pero que para gran parte de la opinión pública y la prensa sí lo es. Kast es conservador, pero no un extremo ni un ultra, aunque la prensa ha vendido una especie de caricatura injusta en torno a él. En ese sentido, bajo este parámetro, los candidatos que están en ambos polos (Boric y Kast) perfectamente podrían acrecentar mucho su votación, los cuales también son los que corren con ventaja en las encuestas. De darse así, perfectamente podríamos tener la segunda vuelta más polarizada de la Historia de Chile. 

3) El voto pragmático: En Chile generalmente la segunda vuelta de la elección presidencial se define por el voto de centro. Eso siempre ha sido así, e incluso en una elección tan polarizada como la actual, es posible que este hecho se vuelva a repetir. En ese sentido, tanto en la izquierda como en la derecha habrá mucha gente que apele al voto pragmático o voto práctico, es decir que elija a un candidato pensando en conquistar una importante votación del centro político. Si bien los únicos candidatos que se identifican con el centro ideológico son Sebastián Sichel y Franco Parisi, también podría ser la candidatura de Yasna Provoste la que se vea favorecida bajo este criterio. 

4) El candidato conservador: Por características propias de la idiosincrasia chilena (sobre todo de las generaciones más jóvenes y vociferantes), y también por un evidente sesgo ideológico de parte de una mayoría abismante de los medios de prensa, en general los candidatos de corte conservador no son bien vistos por el sector comunicacionalmente más influyente del país. Es por ese motivo, que hay grupos importantes del electorado que prefieren guardar silencio al decir que apoyan a un candidato de corte conservador, y optan por expresar su opinión en la urna, transformándose en una especie de "mayoría silenciosa" (aunque no siempre sean mayoría, ni mucho menos). En ese aspecto, el candidato más conservador de los siete aspirantes a la Presidencia es José Antonio Kast, y no sería raro que cuente con un importante voto oculto, reservado sólo para la crucial jornada de votación.

5) El candidato errático: En las campañas presidenciales, todos los candidatos se ven expuestos a cometer errores mediáticos, o bien contradicciones, las cuales al final terminan por poner en peligro su candidatura. Acá, los candidatos que se han visto más erráticos han sido Boric, Parisi y Sichel. Muchos de sus simpatizantes podrían ocultar su preferencia más bien por vergüenza a ser apuntados con el dedo, pero sin embargo a la hora de votar no tendrían dudas en expresar su preferencia, pues dentro de la urna no habrá nadie que cuestione su elección final. 

domingo, 31 de octubre de 2021

El espectro político en Chile sigue manteniendo los clásicos tres tercios

 Sin embargo, la conformación de esos sectores ha cambiado mucho respecto a como se daba durante el siglo XX, y eso hay que tenerlo bien claro a la hora de hacer prospectivas electorales. 

Es habitual que se dice que en Chile desde hace mucho tiempo existen tres tercios claramente identificables, en lo relativo a las ideologías políticas de la población. Siempre se ha dicho que en nuestro país hay un tercio de izquierda, un tercio de centro, y un tercio de derecha. Sin embargo, últimamente la composición de esos tres tercios ha cambiado mucho, aunque siguen siendo fácilmente identificables tres grupos, cada uno de ellos de por sí es bastante heterogéneo.

1) Tercio de izquierda: Hay un tercio donde está la izquierda, o más bien la ultraizquierda. En Chile, la centroizquierda es cada vez más escasa y exigua, la cual ha sido desplazada por una ultraizquierda radical, básicamente gracias a los ya más de 30 años de adoctrinamiento político en colegios y universidades de todo el país. En este tercio están los electores que habitualmente votan por el Partido Comunista, Frente Amplio, Lista del Pueblo, y por otros grupos de ideologías marxistas o neomarxistas. 

2) Tercio de derecha: A diferencia del tercio de izquierda, este no agrupa sólo a los sectores más extremos y ortodoxos, sino que a todas las derechas existentes. Es decir, acá están desde la centroderecha liberal hasta la ultraderecha. Podemos visibilizar a simpatizantes de ideas que van por la línea de Evopoli, Renovación, Nacional, la UDI, o el Partido Republicano, pero también a gente que es aún más dura y que está bastante más a la derecha del Partido Republicano. Es decir, acá no sólo es de Kast (Felipe Kast) a Kast (José Antonio Kast), sino que de Kast a los que están aún más a la derecha de Kast.

3) Tercio ambiguo y centroizquierda: El tercio que antes era "de centro", hoy en día es ocupado por un electorado que es tan múltiple como heterogéneo, y que además guarda la particularidad de ser el que habitualmente define las elecciones en Chile. Acá hay cierto grupo de personas que son de centroizquierda moderada (o de la centroizquierda democrática), además de los votantes de centro (que pueden votar tanto por la derecha como por la izquierda), pero también esa gente que sí vota y que dice "no soy ni de izquierda ni de derecha", y por último aquellos que relatan "me cargan todos los políticos y todos los partidos" pero que igual votan. 


Esta clasificación se obtiene a partir del análisis de las últimas elecciones que se han registrado en Chile durante la última década, poniendo especial énfasis en las dos últimas, donde la mirada simplista puede decir que la izquierda ganó por paliza, pero la explicación es mucho más elaborada que eso: en el Plebiscito Constitucional y en la elección de constituyentes la izquierda ganó por un amplio margen porque camufló a comunistas no militantes de "independientes", pero en esta elección presidencial no se repetirán esos resultados, ya que a Gabriel Boric la ultraizquierda sólo lo puede disfrazar de comunista o de neomarxista, pero nunca de un outsider apolítico, ni menos de un independiente. 

Cualquier prospectiva electoral que pretenda hacerse en Chile, sí o sí debe partir de la base del análisis de estos tres tercios, los cuales inevitablemente se repiten una y otra vez en todos los comicios electorales que va experimentando nuestro país. 

domingo, 10 de octubre de 2021

Boric: El siniestro comunista acomplejado que podría llegar a La Moneda

 El candidato del Frente Amplio hasta ahora lidera todas las encuestas presidenciales en Chile, aunque también hay que decirlo: lo ha hecho evitando hablar de temas muy conflictivos, los que le son bastante incómodos.

Que de un tiempo a esta parte Chile se ha "izquierdizado" no es un misterio para nadie. Lamentablemente eso quedó más que patente en la elección de constituyentes y también el Plebiscito Constitucional del 2020. Aunque la explicación para ello es bastante obvia (los más de 30 años de adoctrinamiento político de izquierda y ultraizquierda en casi todos los colegios y universidades del país), la derecha parece estar enfocada en no hacer nada para revertir esta situación. Triste pero cierto.

Todo este desastre podría además verse coronado con la posible elección de un neomarxista como presidente del país, de cara a las próximas elecciones que tendremos el domingo 21 de noviembre, y que de seguro definirán el futuro del país. Hasta ahora, en todas las encuestas aparece liderando Gabriel Boric, un comunista acomplejado que defiende todos los principios del Comunismo, pero que a la vez reniega del Comunismo sólo por motivos meramente electorales. En ese sentido, Boric es mucho más peligroso de lo que era Daniel Jadue, ya que a Jadue sólo se le podía disfrazar de comunista, en cambio Boric es amorfo y escurridizo, y hará todo lo posible para camuflarse y parecer como "renovado". 

¿Cómo frenar a Boric e impedir que llegue al Palacio Presidencial de La Moneda? Antes que cualquier reflexión, advierto que eso no será para nada de fácil, partiendo por un anécdota sobre su carrera política que hasta esta altura no es algo menor: el actual diputado frenteamplista nunca ha perdido en una elección abierta y popular... aunque siempre en la vida hay una primera vez para todo. Hace algún tiempo atrás, dije en este mismo blog que la mejor opción para frenar a Boric era votando por Sebastián Sichel, por las posibilidades que éste posee que obtener una alta votación dentro del electorado de centro y moderado. Ahora, y si bien sigo sosteniendo que sí o sí hay que quitarle el voto de centro al candidato de los comunistas, no sé si con eso sólo alcance. De hecho, es muy probable que aún con un discurso moderado y centrista, Sichel igual pierda contra Boric. Chile se izquierdizó, y con eso todo se pone mucho más difícil.

La otra opción es votar por José Antonio Kast, el candidato de la derecha más ortodoxa, y que en las encuestas supera por un escaso margen a Sichel. Kast tiene puntos fuertes, pero también débiles: dentro de sus debilidades está el alto porcentaje de rechazo que genera entre muchos votantes su discurso en extremo conservador; pero a la vez tiene en su extraordinaria capacidad para debatir un plus con el que puede dejar muy mal parado a Boric, e incluso dejarlo más magullado de lo que lo haría Sichel quitándole votos de centro. 

Para nadie es un misterio que Boric evita participar en debates, debido principalmente a que no quiere hablar públicamente de temas que le son muy incómodos a su sector ideológico: las inevitables comparaciones con el dictador Nicolás Maduro (con quien no posee ninguna diferencia doctrinaria) y además su evidente simpatía por el terrorismo de ultraizquierda en Chile (acá me refiero tanto al terrorismo urbano en Santiago como al terrorismo incendiario en La Araucanía). Sobre esos dos temas Boric siempre ha evitado hablar, porque sabe que diga lo que diga igual le van a llover las críticas, por un lado o por el otro. Y es ahí precisamente donde Kast podría hacerle mucho daño en un debate. Pero vale la pena preguntarnos: ¿pueden uno o dos debates definir una elección presidencial? Bueno, ya lo hizo el 2017 (cuando Piñera humilló a Guillier explicándole públicamente su propio programa de gobierno), pero nada asegura que ahora también suceda lo mismo. 

¿Por quién votar entonces para derrotar al comunista Boric? Difícil saberlo. Es más: creo que hay argumentos muy de peso para votar tanto por Kast como por Sichel. Aunque ninguno de ellos dos encarna lo que para mí es el político perfecto, ambos sí son muchísimo mejores opciones que Boric para guiar los pasos futuros de Chile. Yo no soy nadie para decirles si deben votar por Kast o por Sichel (y ni siquiera yo mismo lo tengo muy claro), pero sí puedo decirles algo: cualquiera de ellos dos es preferible a tener un frenteamplista-neomarxista de presidente.

En primera vuelta, voten por el que quieran entre Kast o Sichel. Pero en segunda vuelta, les pido por favor que sean pragmáticos y apoyen al que logre avanzar, porque a Boric hay que pararlo como sea. Yo al menos no tengo dudas: con tal de evitar que un comunista sea presidente de Chile, no tendría problemas en votar por Mazinger Z o por la Chilindrina... y espero que ustedes tampoco. 

Recuerden: Nada (¡pero nada!) sería peor para nuestro país que tener a un comunista sentado en el sillón presidencial en La Moneda.

Galería de imágenes: Augusto Pinochet

  








viernes, 17 de septiembre de 2021

Sichel + Kast: Lo importante es unir fuerzas

 Este domingo 21 de noviembre será la primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas, y lo más importante es evitar que gane la ultraizquierda.

Cada vez queda menos para las elecciones presidenciales, y la cosa no se ve fácil. Sin embargo -y pese a todas las dificultades- no queda otra que ser optimistas. Hace algunas semanas atrás dije acá que iba a apoyar la candidatura de Sebastián Sichel, pero creo que aún estoy a tiempo para rectificar mi mensaje: apoyaré a Sichel, pero también a Kast... o a Kast, pero también a Sichel. El orden da lo mismo, lo importante es el mensaje de fondo: hay que unir fuerzas desde la derecha más dura hasta el electorado de centro, ya que ese es el único camino posible para evitar un futuro gobierno de ultraizquierda.

Me comprometo a defender las opciones presidenciales tanto de José Antonio Kast como de Sebastián Sichel. Cada uno es valioso desde su propia trinchera: Kast representa a la derecha más tradicional y ortodoxa, con principios sólidos y conversadores, mientras que Sichel es la carta del centro liberal, el cual ha logrado tender importantes puentes con el mundo de la centroderecha. De ambos se puede rescatar cosas importantes: de José Antonio Kast destaco su visión económica, muy cercana a la Economía Neoliberal que tanto defiendo, mientras que de Sichel valoro su capacidad para dialogar y para acoger en su discurso a personas que habitualmente son discriminados por el votante de derecha más dura, como es el caso de los inmigrantes (que ya superan el millón de personas en nuestro país). Esos dos temas son fundamentales dentro de mi cosmovisión política, y creo que en ambos candidatos se ve representado en parte lo que yo quiero para el futuro de Chile. 

El domingo 21 de noviembre, Chile se juega su futuro. Es por eso que de aquí hasta esa fecha tenemos que evitar el "fuego amigo" entre todos los sectores que se oponen a la ultraizquierda neomarxista que representa el candidato Gabriel Boric. La gente de centro liberal no debe criticar al candidato de la derecha conservadora, y viceversa. Tenemos que unir fuerzas, pues hay un bien supremo en juego, como lo es el porvenir de nuestro querido país. O nos unimos, o nos hundimos... así de simple. 

sábado, 11 de septiembre de 2021

Chile enfrenta a su mayor amenaza de las últimas décadas

 La Convención Constituyente podría destruir nuestro país tal como lo hemos conocido hasta ahora.

Chile atraviesa un momento político muy complicado, y eso no es un misterio para nadie. Nuestra sociedad está más polarizada que nunca, a lo cual se suma el total desparpajo con el que el terrorismo de ultraizquierda actúa tanto en Santiago como en La Araucanía. Pero aparte de eso, otro de los grandes problemas que tenemos frente a nosotros es la Convención Constituyente, la cual podría transformarse en la futura piedra de tope para que Chile siga siendo Chile. 

Anteriormente nuestro país ha enfrentado numerosas adversidades, pero siempre ha logrado ponerse de pie: dos guerras contra nuestros vecinos, crisis económicas, desastres naturales, etcétera. Sin embargo, ahora la amenaza que tenemos es tanto o más peligrosa, pues actúa legalmente y con la venia de toda la clase política criolla. Me refiero a la Convención Constituyente, la cual no sólo planifica cercenar nuestros símbolos patrios, sino que también podría darle un poder inusitado a los grupos separatistas que quieren demoler a Chile por dentro. 

Aparte de las brutales atrocidades que han protagonizado los constituyentes de ultraizquierda durante las últimas semanas, la conminación por parte de este organismo va mucho más allá. El tema de querer hacer de Chile un "Estado Plurinacional" es un arma de doble filo, porque eso podría funcionar en países donde no hay grupos separatistas que busquen independizarse a costa de quitar territorio, lo cual claramente no es el caso de Chile. En nuestro país, el neomarxismo ha infiltrado en forma completa a algunos pueblos originarios, motivo por el cual tanto los mapuches como los pascuenses vienen buscando la independencia absoluta, la cual sí o sí se vería favorecido al poner en la Constitución que Chile hay "múltiples naciones". 

Nuestro país enfrenta la mayor amenaza de su Historia, y se llama Convención Constituyente. Ya resulta súper evidente ver hacia adónde va la cosa, y si no hacemos nada por frenar la demagogia patológica de los constituyentes, Chile va a terminar territorialmente fracturado, sin sus símbolos patrios, y probablemente ni siquiera se siga llamando Chile...